lunes, 6 de julio de 2020

INCORPORACIÓN DE LAS PALABRAS PAJUDO Y PAJUDEZ AL DICCIONARIO DE LA LENGUA CASTELLANA. CUENTOS DE LA TROJA DOS. JUAN JOSÉ BOCARANDA E.




                                           Diógenes Tabaquicus

INCORPORACIÓN DE LAS PALABRAS PAJUDO Y PAJUDEZ AL DICCIONARIO DE LA LENGUA CASTELLANA. CUENTOS DE LA TROJA DOS. JUAN JOSÉ BOCARANDA E.

El afamado doctor Lucio Vidriera Brillante declaró por la T.V. española, algo que repercutió en la prensa de ese país y en América Hispana. Dijo:

“Ya es hora de que los señores académicos de la lengua española,  incorporen al Diccionario las palabras “pajudez” y “pajudo”, que tanto abundan.

“Pajudo” es el sujeto, de uno u otro sexo (o del sexo del medio)  que
-habla de sobra, sin decir nada, parloteando insubstancialmente
-es fácil para prometer, pero imposible para cumplir
-pide o se toma la palabra en las reuniones para decir pendejadas
-entorpece y frustra como todo un aguafiestas,  con largas peroratas y falsas promesas
-ofrece lo que no le están pidiendo,  pero cuando se le pide un favor, evade y se esfuma
-si es abogado, llena el escrito de preámbulos, consideraciones, incisos y divagaciones, y expresa en cinco páginas lo que muy bien podría caber en quince líneas. Después se queja de que el juez no lee sus parrafadas
-si es profesor, rellena, rellena, y lo que podría caber holgadamente en el horario previsto, se queda en el aire, trunco, incompleto, pues la hojarasca asfixia el tiempo
-si es médico, en vez de abocarse a diagnosticar una enfermedad, busca entretenerte con anécdotas de todo tipo, de tal forma que el 99% del tiempo se va en todo menos en lo que te ha llevado a su presencia. Te habla de política, de la suegra, de los viejos tiempos, de la vida universitaria, etc.etc. pretendiendo justificar la estocada pecuniaria que te propinará cuando todo termine. Pero, el muy cobarde no lo hará personalmente,  pues “honorarios” son “honorarios”. Por ello comisiona a la secretaria para que perpetre el crimen, mientras él se las da de idealista, de hipocrático, de desprendido
-si es politólogo, psicólogo, historiógrafo, luminotécnico, u otro blabablabla,  te aplasta y apabulla con un cargamento de títulos y sobretítulos y te enseña cómo tiene esteradas las paredes con diplomas y requiebros académicos, como si los títulos y los postgrados valiesen por sí solos, al margen de la creatividad, que es lo verdaderamente necesario, pues los países requieren impulsores fundamentales, no simples repetidores
-si es el novio, se pinta como el non plus ultra de los pretendientes,  sobreabundando en “echonerías” y falsa importancia
-si es la novia, se describe como Santa Pureta, oculta toneladas de aventuras inconfesables, finge no estar enterada de que existen palabras obscenas, aunque seguramente las piensa porque realmente las conoce, y, finalmente, promete ser santa esposa, madre abnegada y fundamento del hogar, nada de lo cual cumple cuando se casa.
-si es vulgarote, dice “pajúo”  como los malandros, y no “pajudo”, porque para él quien usa estas expresiones correctas es un pureto académico.

La Santa Academia debe prevenir la repulsiva enfermedad de la PAJUDEZ combatiendo a los PAJUDOS, por favor...””

Algunos miembros de la Academica llamaron para protestar y replicar porque las palabras pajudo y pajudez les despertaban vagas sospechas de no sé qué…
La entrevistadora pidió al profesor Vidriera una definición brevísima del “pajudo”, y respondió: “el pajudo es un gilipollas hablachento”…

viernes, 3 de julio de 2020

LA DEROGACIÓN DE LA JUSTICIA. EL TIRANO SAURIOS. CUENTOS DE LA TROJA DOS. JUAN JOSÉ BOCARANDA E.



LA DEROGACIÓN DE LA JUSTICIA. EL TIRANO SAURIOS. CUENTOS DE LA TROJA DOS. JUAN JOSÉ BOCARANDA E.

Mucho tiempo atrás, antes de nuestra era, el tirano Saurios, del reino de Lumiria, no satisfecho con la usurpación del poder, dispuso también, para maximizarlo aun más, una reforma drástica de la Constitución. Así, decidió derogar  el derecho humano a la demanda de justicia. Por consiguiente, pasarían a ser absolutamente inútiles el Poder Judicial y todas las normas relativas a la administración de justicia.
A este nuevo sistema de Estado se le denominó oficialmente “DEMOCRACIA BINOMIAL”, aunque en realidad se trataba de un régimen despótico.
Era “binomial” pues sólo quedaban en pie los Poderes Legislativo y Ejecutivo, si bien el primero era dirigido y despotizado por éste último, porque los “legisladores” eran y seguirían siendo títeres y juguetes de la voluntad de Tirano Saurios.
Decretada la inexistencia de la idea de Justicia, se la sustituiría, para la teoría y para la práctica, por la idea de “co-rrectitud”, que debía entenderse como “el conjunto de principios y normas emanados del Poder Binomial para orientar e impulsar el quehacer del Estado conforme a los fines de éste de controlar omnímoda y radicalmente el orden social”. Por consiguiente, eran fines del Estado los que como tales decretara y estableciera el Poder Binomial.

En la “democracia binomial”,  la soberanía no pertenecía al pueblo sino a los dos Poderes, es decir, al déspota. Los elementos del Estado se reducían al Poder, en manos del un Legislativo sumiso a la voluntad del Ejecutivo. La población no sería considerada elemento del Estado sino simple receptor de la voluntad del Poder Binomial. Y, en cuanto al territorio, no pasaba de ser sino “base material instrumental y extensible del Estado Binomial”.
Todo era regido por el “Gran Principio de la Democracia Binomial”: el principio pragmático de la conveniencia, es decir, de aquello que el Binomio considerara de su solo interés.

Conforme a un parágrafo especial de la reforma constitucional, aunque derogado el sistema judicial, se atenderían los procesos en curso, pero con la advertencia de que los casos futuros debían darse por “jurídicamente inexistentes, desestimados de por sí, en forma definitiva, sin materia sobre la cual decidir”.

Los ciudadanos que tenían casos pendientes en cualquiera de las ramas del Poder Judicial, en  cualquiera de las instancias, debían abocarse a impulsarlos a la mayor brevedad, en un plazo perentorio de quince días consecutivos.
Tal era la prisa del régimen en exterminar cuanto antes todo lo relativo a la  justicia.

Aquella norma constitucional tan sorpresiva,  extraña y sobre todo tan aberrante, fue aprobada con carácter urgente un día viernes, por lo que a partir del lunes inmediato comenzaba el plazo perentorio para la liquidación.

Ese lunes, miles de personas se agolparon a las puertas de los tribunales de todo el país. Hubo, por supuesto, entorpecimiento del tránsito, altercados, protestas, peleas callejeras, graves desórdenes en los que podía percibirse asomos de rebeldía.

Los porteros controlaban el ingreso del público a los tribunales, en forma meticulosa, con el auxilio de agentes policiales ostensiblemente armados.

En las salas de espera no se permitía personas de pie. Por lo tanto, desde un principio se anticipaba que las jornadas serían largas, muy largas y tediosas.
Para ingresar a las salas de audiencias se exigieron pases muy especiales, donde el ciudadano debía precisar la naturaleza de la causa y justificar con todo detalle su presencia. La cola para esta tramitación se dilataba en quince kilómetros y medio.

Cuando por fin alguien lograba el acceso a la sala de audiencias, hallaba las paredes cubiertas de letreros extraños, algunos de ellos hasta absurdos y risibles, como:
-Prohibido hablar salvo por señas
-Economice el oxígeno respirando lo menos posible
-No contamine el ambiente con malos pensamientos ni torvos deseos
-Ame a su prójimo, pero más aun a los funcionarios, que son sus servidores
-No pregunte por los alguaciles, porque todos fueron despedidos por tramposos
-Puede estornudar, toser o carraspear, pero con discreción
-No se hurgue la nariz
-Permanezca con el bozal antivirus cubriendo nariz y boca
-No solicite información porque no le darán ninguna respecto a ningún asunto
-Hoy no habrá audiencia, mañana tampoco

Cuando los organismos internacionales hicieron manifiestas su extrañeza y su protesta por tan descomunal situación, el Presidente de la Legislatura declaró que el dinero que hasta entonces se “malgastaba” en asuntos de la Justicia, se invertiría en obras para el pueblo. Y cuando se le preguntó qué sucedería con la administración de la Justicia, respondió:
-¿Y para qué existe el Poder Legislativo?
-¿Y el asunto de la interpretación de las leyes?
-Cuando las leyes son completas, claras y precisas no se requiere interpretación. Allá los países que no están abiertos a las nuevas corrientes del pensamiento jurídico y que se aferran a la tradición de  un Poder Judicial inútil. Donde funcionan un Legislativo y un Ejecutivo eficientes, no se requieren más Poderes.

Podada de un solo hachazo constitucional la rama de los derechos judiciales, pronto fueron cayendo, como ganchos secos, los demás derechos humanos. Porque ¿cómo pueden funcionar los derechos humanos en un país donde no haya ante quién reclamar su cumplimiento?

El árbol antes frondoso de los derechos humanos dejó ver a lo lejos, en la colina neblinosa de la historia, la silueta desolada de un esqueleto de hierros retorcidos carcomidos por la herrumbre…

Se restringieron los estudios de Derecho. Las Escuelas de Derecho se limitaron a producir legíferos y ejecutivistas en serie. Desde las primeras promociones de este nuevo sistema, los graduandos de la Escuela de Derecho usaban, en el acto de graduación, birretes unicornio y togas con una sola manga, pues a todos les faltaba un brazo: el brazo de la Justicia. Por eso el pueblo los llamaba “Los Mancos del Derecho”.

Sin embargo, como no hay mal que dure mil años, un día murió el Tirano Saurios, y todo comenzó a renacer, hasta la esperanza…



domingo, 28 de junio de 2020

MI CABEZA EN UN MALETÍN. CUENTOS DE LA TROJA DOS. JUAN JOSÉ BOCARANDA E





MI CABEZA EN UN MALETÍN
Me desatornillé la cabeza. La coloqué frente a mí, entre mis manos, como un espejo, y la miré a los ojos. Me confió unas cuantas cosas graves, encareciéndome lealtad y silencio, con la advertencia de que si las revelaba me buscarían los marcianos, a los que tanto temo porque me van a convertir en rana para que dé saltos en la plaza del Vaticano y fastidiar al papa….

Cuando traté de reatornillarme la cabeza en su base, no pude hacerlo y, como se oyeron voces extraterrestres, me apresuré a ocultarla en un maletín. Ahora ni oigo, ni veo, ni sé por dónde ni quién ni para que me lleva. Pero me consuela saber que lo mismo les está pasando a todos ustedes y que vendrán muy pronto a este hermoso lugar.