lunes, 30 de enero de 2017

LA IUSÉTICA Y LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO Juan José Bocaranda E





LA IUSÉTICA Y  LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO
Juan José Bocaranda E

El problema más grave que aqueja a la Humanidad no es la pobreza material, sino la miseria moral y espiritual que la enceguece y la descarría cada vez más, arrastrándola a su propia destrucción.

Tenía razón el abogado que me dijo con risueña tristeza, que la Iusética se realizará después de la segunda venida de Cristo.
Yo no estoy seguro de que habrá la tal venida.  Pero sí estoy plenamente consciente de que éste no es el momento de la Iusética. Porque el Mundo está nublado por la superficialidad, la banalidad y la estupidez. Porque lo aplasta el afán de divertirse y pasarla de lo mejor, olvidando los graves problemas de la Humanidad. Porque está  cercado por el dogmatismo   y  minado por el odio, los fanatismos, el fingimiento, el ultranacionalismo y otros cuantos “ismos”. Todo ello integrando una masa negra y viscosa casi impenetrable, que se cierra a la luz, a la verdad y al ideal de la justicia.
No obstante lo anterior, nos mantendremos en la lucha hasta el final de nuestros días, mientras nos quede vida. Porque por lo menos moriremos cumpliendo lo que consideremos un deber moral y una modesta contribución a la Humanidad.  Aunque hoy aremos en el mar, gritemos en el desierto y andemos sobre arenas movedizas, y aunque nuestras ideas no encuentren eco ni siquiera en las personas que, por la profesión, se dicen amantes de la verdad, de la Moral y de la justicia. Pero, allá ellos y nosotros acá...

lunes, 9 de enero de 2017

EL DERECHO RECEPTOR Y REALIZADOR. VISIÓN IUSÉTICA. Juan José Bocaranda E





EL DERECHO RECEPTOR Y REALIZADOR.
VISIÓN IUSÉTICA.
Juan José Bocaranda E

La Moral obliga a plantear que si el hombre es digno por naturaleza, debe ser objeto necesario del bien. Es decir, la Moral lleva a formular un juicio de valoración fundado en una alternativa, en la escogencia entre el bien y el mal.
El Derecho no es, pues, creador sino receptor y realizador de los Derechos Humanos: se limita á reflejar el valor de la dignidad humana en su signo de obligatoriedad, destacando por separado cada uno de los atributos inherentes en ella, cada uno de los cuales constituye un derecho humano singular ati­nente a un tipo determinado de necesidad. Y de la integridad del concepto de dignidad humana, emerge la integridad de los Derechos desde una perspectiva ante todo moral. Lo cual confirma que el Derecho es sólo un instrumento calificado de la Moral.

Para que cada Estado realice su esencia ética, se requiere que asuma un pensamiento de carácter teórico-práctico basado en la idea de un realismo jurídico trascendental. Realismo jurídico, porque tome, como sincero punto de partida, la plena realidad humana y social dentro de su respectivo territorio. Trascendental, porque el Derecho y el Estado se repotencien moralmente, para convertirse, desde cada país, en instrumentos de la universalidad.
Es que las cosas adquieren la estatura que les imprimimos: hemos de admitir que el Derecho abriga potencialidad inconmensurable para realizar cometidos de trascendencia universal que contribuyan a la salvación del Planeta. Para ello debe conjugar voluntades, consciente de su condición de valiosísimo e indispensable instrumento de la Moral.
Si se redimensiona moralmente el Derecho, se le verá florecer como no lo ha hecho jamás en el decurso de su manifestación histórica. Para que ello sea posible, debe estar consciente de las causas que determinan sus crisis y de la necesidad de resolverlas.
El nuevo milenio nació en medio de problemas que atentan contra la supervivencia misma de la Humanidad: el terrorismo, el narco-tráfico, el trafico de armas, la cuestión ecológica, las amenazas  contra la Paz Mundial, y la pobreza, el hambre, el desempleo, que van siendo cada vez más acentuados en todos los países y, finalmente, una globalización inmoral, que pretende repartir el mundo a tajadas entre las grandes (pre)potencias.
 Se mira a los lados en procura de una esperanza, y es el Derecho el que emerge como tal. Sin embargo, por cuanto se requiere un Derecho cuya estatura sea proporcionada a la universalidad y a la magnitud de los problemas, nos encontramos con que el Derecho tradicional ha venido perdiendo confiabilidad y respetabilidad y con que, por otra parte, los valores puramente jurídicos manifiestan ser incapaces de contribuir por sí solos a resolver tan graves y profundos problemas.
 Se requiere, pues, un Derecho redimensionado, trascendente, que incorpore nuevos valores, revitalizando los valores jurídicos, consubstanciándose con la Moral, en un un Estado Ético que contribuya al escenso espiritual de la Humanidad.
 ¿Por qué alarmarse ante la idea de reconocer hoy al Derecho una función de trascendencia, más allá de la mera regulación social externa? ¿Acaso las concepciones jurídicas deben mantenerse aherrojadas por el pasado?

domingo, 25 de diciembre de 2016

EL ABOMINABLE PESO DE LOS GOBERNANTES CORRUPTOS Juan José Bocaranda E





EL ABOMINABLE PESO DE LOS GOBERNANTES CORRUPTOS
Juan José Bocaranda E

Para nosotros, el concepto de corrupción política no se detiene en el solo asunto del robo del erario público. Ni siquiera en el tema de la no-transparencia. Porque no se trata únicamente de hallarse en condiciones de rendir “cuentas claras” en el manejo de los recursos, sino, mucho más allá y más profundamente,  de obrar conforme a las exigencias de la Ley Moral. Lo que significa que el gobernante debe ser, ante todo y sobre todo, fiel cumplidor, fiel realizador de los principios morales y de los valores éticos, en el ejercicio del poder. Por consiguiente, el concepto de corrupción es tan amplio como todo lo pernicioso o negativo que en él cabe en oposición a esos principios y a esos valores. En otras palabras, la corrupción es todo el cúmulo de males que el gobernante perpetra en contra de la nación y de los derechos e intereses del pueblo, incurriendo, así, en lo que podemos llamar  DELITO DE LESA DIGNIDAD.

Claro está que en el Mundo actual, el cumplimiento de estos ideales es absoluta, radicalmente imposible, debido a la tónica general de un concepto de política que se separa, per se, en forma sistemática y por definición, del ámbito de la Moral.
De ahí que se requiera como punto de partida una política  de calidad tan alta y exigente, que implique su transmutación en POLI-ÉTICA y la correspondiente transmutación de los políticos en POLI-ÉTICOS. Mas, para todo esto  es preciso un profundo cambio de mentalidad.

Así, pues, las ideas que aquí estamos expresando son sólo un planteamiento y una aspiración. No somos ingenuos, ciegos ni idealistas obnubilados. Estamos plenamente conscientes de la realidad política actual, abyecta, podrida y frustrante.

El punto de partida para un giro fundamental, radica en la necesidad de REpensar en el papel que protagonizan en la actualidad,  los políticos corruptos, los gobernantes corruptos, en todo  el Mundo, en mayor o menor medida, Es necesario bajarlos a empujones del  pedestal que los pueblos les han levantado desde el fondo de los tiempos, cuando los primeros políticos, los primeros mandamás, los primeros corruptos y  traidores, hicieron su aparición, para oscurecer, corromper y destruir. Es necesario que los pueblos abran los ojos para tomar consciencia de que el mal que campea por el Mundo, atenaceando a los seres humanos débiles e indefensos, se debe, en muy alto porcentaje, a la maldad de los políticos y de los gobernantes. Un mal que hace de los pueblos, zombis miserables, cuya existencia es aplastada por el trato inhumano de los malos gobernantes.
La “canalla gobernante”-como los tilda Salvador Freixedo- es tanto más culpable de los males que padecen los pueblos en cada país, en cada continente, cuanto pudiendo establecer el bienestar para el pueblo, sin embargo no lo hacen, sino que, por el contrario, se abocan, en forma sistemática, a causar el mal con arbitrariedad multiforme y para su propio beneficio, en contra del ideal de servicio prohumano que debería impulsarles.

No tienen excusas. Cuentan con el poder y los recursos necesarios para favorecer que la vida del pueblo discurra en  paz, con alegría y seguridad,  en un país dotado de todos los servicios que corresponden a la dignidad humana. Vida  sin contratiempos ni angustias, con salud, alimentos, educación  y vivienda cómoda e higiénica, tal forma que no hubiera pretextos para el descontento.

Es preciso un giro radical hacia una toma de consciencia, antes de que el Mundo y la Humanidad perezcan..por causa, justamente, de los podridos políticos...



jueves, 22 de diciembre de 2016

LOS ESTADOS A PARTIR DEL 10 DE DICIEMBRE DE 1948 VISIÓN IUSÉTICA Juan José Bocaranda E





LOS ESTADOS A PARTIR DEL 10 DE DICIEMBRE DE 1948
VISIÓN IUSÉTICA
Juan José Bocaranda E

El ser humano debe admitir que ha ingresado, con este milenio, a otra realidad, la cual genera nuevas ideas y exige nuevas formas, capaces de albergar y mantener nuevos contenidos.
Ahora bien, nos llama la atención el hecho de que, no obstante la germi­nación de ideas novedosas que, a mediados del Siglo XX, dieron razón de ser a la Proclamación de los Derechos Humanos, los Estados parecen no perca­tarse cabalmente de esta realidad, aun en nuestros días. Han debido ir mucho más allá de la sola entronización constitucional de los Derechos Humanos, y prestar atención a la trascendencia del Reencuentro como punto de partida para una nueva filosofía del Derecho y del Estado. Al no hacerlo, tienen ahora más de cincuenta años de retraso en la estructuración de la nueva filosofía.
Son puntos para la reflexión los siguientes:
1.    Si un Estado reconoce los Derechos Humanos, incluyéndolos en el or­denamiento jurídico, es porque admite la idea de la dignidad humana.
2.    Si admite la idea de la dignidad humana en el ordenamiento jurídico, es porque acepta la injerencia directa de la Moral en el Derecho.
3.    Si acepta la injerencia directa de la Moral en el Derecho, se define a sí mismo como Estado Ético de Derecho.
4.    Si se define a sí mismo como Estado Ético, reconoce que, además del Principio Jurídico, concurre el Principio Ético como factor de la Constitucionalidad.
5.    Si, al igual que el Principio Jurídico, el Principio Ético es factor esen­cial del sistema jurídico, ni la definición del Estado ni el concepto de Derecho deben apoyarse únicamente en el factor jurídico, tal como si el Principio Ético no existiese.

En consecuencia, todo Estado que admite los Derechos Humanos, admite implícitamente la conjunción de la Moral con el Derecho. No vale el argumento de que el Estado sólo admite el concepto de dignidad humana y no la Moral, pues cada vez que, en situaciones concretas, se hacen valer los Derechos Humanos, la Moral les sirve de fundamento sobre la base de una opción entre el bien y el mal, lo justo y lo injusto. Lo que significa que la Ley Moral (Cap. 11,2) está presente en todo caso de reclamo de los Derechos Humanos por vía del Derecho, y que el Estado ratifica así su naturaleza de Estado Ético, y el Derecho acentúa al mismo tiempo el signo de la Moral.
Con todo, los Estados no se han detenido a pensar que por el hecho mismo de reconocer los Derechos Humanos, necesaria e implícitamente abandonan el criterio de la separación entre el Derecho y la Moral. Es más: no han reflexionado sobre las diversas vías de recepción de la Moral por el Derecho (Nº 10.1.1. del presente Capítulo), por lo que tampoco se han preocupado por establecer cuál ha sido la forma de penetración de la Moral en sus respectivos sistemas jurídicos, con los efectos trascendentales que de ello derivan. Por estas razones, quedan emplazados ante la responsabilidad moral por ignorancia culpable. (Continuará).